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Guillermo Sánchez Betancur

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Quien es Guillermo Sánchez Betancur

 

Para poder entender bien el gran significado de la obra del maestro Guillermo, tenemos que hacer un recorrido histórico-cultural del conjunto que hace parte del arriero, las muladas y sus atuendos en general. Pero antes de esto reafirmemos que sus obras representan todo ese conjunto de material que significa la arriería; aunque cada siglo trae sus ciencias y tecnologías, las tradiciones y costumbres pierden cada vez más importancia, pero de alguna manera van quedando destellos para contemplar y seguir disfrutándolos como patrimonio cultural de las diferentes regiones.

Algunos ancestros por tradición continúan llevando a sus pueblos los legados de sus abuelos y precisamente eso es lo que el maestro quiere recuperar a través de sus trabajos; en ellos los personajes son seres vivientes que han sufrido desde los comienzos todos los rigores de !a arriería hasta nuestros días. Sufrimientos que sólo los han podido vivir los protagonistas: el hombre y los animales.

Detalladamente podemos degustar y observar todo ese conjunto que forma la arriería como tal y lo mas importante el significado trascendental en todos los aspectos: económico, social, político y cultural en cada región del país que la arriería ha significado, los trabajos fotográficos de MELITON RODRÍGUEZ dan fiel testimonio de este conjunto.

Las abarcas sandalias de cuero, y las quimbas sandalias con cubiertas de tela han recorrido las montañas y caminos de Colombia en toda su extensión. El caporal es el capataz de la mulada, inicia la ardua tarea: primero organiza el aparejo utillaje necesario para arreglar la carga, luego coloca las enjalmas cojines de fique rellenos de paja colocados en la muía para sostener la carga, la tápatela de costal colocada entre la enjalma y la carga, el garabato accesorio adherido a la cincha en forma de gancho sirve para ajustar la carga, el hijuelo accesorio de la enjalma donde se coloca una campana, el pretal una correa de la enjalma para evitar que la carga se corra hacia atrás y la retranca una correa que hace soporte hacia la enjalma para evitar su desplazamiento hacia adelante, la sobrecarga rejo muy grande para amarrar toda la carga a la muía, luego requintan hasta ajustar la carga para dejar así la muía lista.

Los peones cumplen la tarea de arreglar el encerado, papel o cuero recubierto de cera impermeable para cubrir la muía, preparan el catre, un caballo que carga el equipaje de los arrieros y la mula colera la colocan de última en la recua, también el guión caballo de guía lo colocan antes de la mulada, algunos llevan un mulo o remuda como repuesto por si alguna mula se enferma o muere en las extensas travesías, luego transportan los jotos en todas sus presentaciones estos son bultos, envoltorios o paquetes a transportar, los bultos pequeños son amarrados con la lía rejo pequeño envuelto a la carga.

Generalmente las cargas o rebatiados son de igual peso y contenido, estas cargas parejas se llaman mellizas, le dan estabilidad a la mula, el arriero lleva sombrero, su guarniel o carriel de cuero, mulera con poncho de algodón para múltiples usos, delantal o tapapinche que protege el pantalón y el pinche, el zurriago o perrero, vara de guayabo para fustigar las muías.

El fiambre, alimento para toda la correría, llevan empella de manteca de cerdo, panela, capacho, estacas de maíz, higuerillo y así se inician las travesías por los caminos de herraduras y montañas colombianas, pernoctando en sus toldas de posada en posada, de fonda en fonda, cantando guascas, trovas y retahilas, acompañados de sus guitarras, liras y tiples dejando atrás la lejía, el cansancio y las huellas imborrables de sus muías, perros, arrieros y peones . el sufrimiento en las travesías es evidente, los obstáculos por doquier, el frío, los torrenciales de lluvia, los granizales, el fango donde el arriero y sus animales sienten el rigor del pantano, algunas mulas quedando rengas, testarudas y resabiadas sin poder repechar las altas pendiente, otras peloteaban y reculaban por las inclemencias del tiempo; pero a sus lados van los sangreros, muchachos aprendices de la arriería ayudan a sus mulas en situaciones peligrosas para ellas y sus cargas.

En cuanto a las cargas no quedaba nada que no fuera cargado en ellas, la rastra carga de pura madera, rieles para ferrocarril, estas cargas demasiado pesadas son transportadas por dos muías con el sistema de turega, el café en pergamino y en almendra, el tabaco se ha transportado por toneladas incluso hay muías especializadas llamadas tabaqueras, ya que el tabaco emborracha la muía y esta pierde fuerza y rendimiento en las travesías, sombreros de palma de iraca, caña, cacao, algodón, aguardiente y vino en barriles o damajuanas, cianuro para el trabajo minero, este también mataba a las muías si no se cubría bien, el agua en canecas y también se carga lo que conocemos como trasteos de cacharros y rebujos. Todo esto hace parte de ¡a idiosincrasia del pueblo colombiano como el famoso aforismo: arrieros somos y en el camino nos encontramos. Y como a lomo de muía montan los arrieros por los caminos de herradura así el maestro Guillermo nos trae a colación en sus majestuosas obras un legado milenario que lo debemos volver a rescatar; de lo contrario la frase del nadaista Gonzalo Arango: el que tuvo la luz en sus manos y no quiso verla, es justo que se quede en tinieblas, tal es la verdad y la justicia de Dios.

En el tema de la arriería: En 1792 Juan Antonio Mon y Velarde oidor de la colonia española constató que las mercancías y los enfermos se transportaran a espaldas de los cargueros con taburetes y cinchas, impresionado por esto sugirió al rey de España traer unos críos de caballos y yeguas y burros con el fin de aliviar el oficio de estos cargueros que morían de la enfermedad del tabardillo, agotamiento general y recalentamiento de la sangre escrito así en los archivos históricos, cuando no herniados o atascados en los fangos bajo el peso de sus fardos, así empezó la época de la arriería, se crearon aldeas y corrales para dichos animales formando híbridos (muías, mulatos) en los diferentes pueblos para luego iniciar el comercio entre ellos y las travesías de sus cargas formando así los famosos caminos de herradura que existen en todo el territorio del país.

Dejando el tema arduo de la arriería que apasiona tanto al maestro podemos reiterar que allá en los talleres de caldas Antioquia, al lado del gran maestro RODRIGO ARENAS BETANCOURT aprendió a dar los toques perfectos del cincel. Trabajando las figuras humanas y dándole a sus manos la magia que requieren para esculpir lo que su interior quiere expresarle al mundo, como ejemplo de ello son sus personajes políticos, religiosos, que han hecho mella en la historia, además de sus tallas de animales y quijotes entre otras figuras. O que otra cosa es la escultura, la pintura y la literatura si no un himno de gloria?

Quiero destacar entre sus figuras religiosas al pontífice JUAN PABLO II, (Karol Józef Wojtyla), a quien el maestro le hace homenaje con una de sus esculturas y es precisamente para resaltar su pontificado el cual lo realizó como jamás algún papa lo hubiera logrado, su apostolado fue realmente brillante en todos los aspectos éticos, morales, religiosos, con ayuda política y social como intermediario para el mundo en general, con su altruismo de verdadero corazón. Hago un paréntesis comparándolo con los papas Inocencios III, V, VIII, Y otros Inocencios que de inocentes nada tenían, igual que los BORGIA y otros FRAILES como TORQUEMADA que llenaron el mundo de dolor y sus torturas en mazmorras, las quemas en público a los albigenses, herejes, cristianos, ortodoxos, judíos, moros, entre otros.

Papas realmente criminales que mataron más gente que la famosa era de los mártires en los imperios romanos; tenían una filosofía: torturar y quemar creando las famosas cruzadas de su santa inquisición.

Gracias MAESTRO GUILLERMO SANCHEZ BETANCOURT por protagonizar y recalcar las más nobles acciones que el hombre lleva en lo más recóndito de su corazón a usted mil aplausos.

 

Fuente: Tomado del libro Colombia y El Arte, Colombia Editorial, 2011